Vesubio.

 Ahora voy a abrir la puerta, el cielo se ve azul y voy a salir a caminar, una pausa en medio del encierro es una bocanada de aire fresco en medio de los estertores arrasada por la lava de un volcán con nombre, “ahora voy a abrir la puerta”, repite mi voz dentro del  túnel que por primera vez atravieso mientras veo que mi volcán le abre la puerta a la policía diciendo “debí haberla internado, no me lo puedo perdonar” desde mi cuerpo morado de golpes iracundos, inerte y frío.

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