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Mostrando entradas de mayo, 2021

Vesubio.

  Ahora voy a abrir la puerta , el cielo se ve azul y voy a salir a caminar, una pausa en medio del encierro es una bocanada de aire fresco en medio de los estertores arrasada por la lava de un volcán con nombre, “ahora voy a abrir la puerta”, repite mi voz dentro del  túnel que por primera vez atravieso mientras veo que mi volcán le abre la puerta a la policía diciendo “debí haberla internado, no me lo puedo perdonar” desde mi cuerpo morado de golpes iracundos, inerte y frío.

Inocencia interrumpida.

  Aquel extraño sueño parió a Marina.  Inolvidables sus ojos de cielo y el  pelo largo cayéndole por la espalda del uniforme del liceo.  Increíble encontrarla por la calle, cuarenta años después. Dubitativo, la llamó por su nombre. Ella giró, y respondió con el suyo. —¿Nos vemos? —propuso él, y para su sorpresa, ella aceptó.  Por eso, no entendía por qué Marina demoraba;  le había comprado el vestido blanco y la había pensado de mil formas.  Le timbró. Y recibió la más desconcertante de las respuestas.  “Malagradecida”, maldijo. No había hecho nada malo.  Su único pedido fue que usara zapatos de taco.  Marina lo había dejado plantado después de pronunciar aquellas dos humillante palabras y mandarlo a vestir el traje de enfermerita: Pajero García. 

Ahora o nunca.

  Por la ventana vio la luz: “Es ahora o nunca”, se dijo. Ningún momento se perdería en el tiempo,  nadie podía imaginar lo que había visto.  Con la bombacha veintisiete completó la colección que venía preparando desde entonces, envolviéndola en papel satinado.  Adiós refuerzos de mortadela, bienvenido caviar.  Fue al subsuelo de Tres Cruces y despachó el paquete al que le adjuntó la siguiente esquela manuscrita:  “Querida Melinda: Recibe estas prendas y mi corazón, que te esperan desde 1994. Con amor, Replicante García”.