Ahora o nunca.
Por la ventana vio la luz: “Es ahora o nunca”, se dijo. Ningún momento se perdería en el tiempo, nadie podía imaginar lo que había visto.
Con la bombacha veintisiete completó la colección que venía preparando desde entonces, envolviéndola en papel satinado.
Adiós refuerzos de mortadela, bienvenido caviar.
Fue al subsuelo de Tres Cruces y despachó el paquete al que le adjuntó la siguiente esquela manuscrita:
“Querida Melinda: Recibe estas prendas y mi corazón, que te esperan desde 1994. Con amor, Replicante García”.
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