Yanpolsar.
—Todos estamos condenados a elegir, por eso la libertad es angustia —dijo él, con el aplomo que la ocasión requería.
—Nosotros no elegimos, todo está escrito —repuso la señorita, y la calificó con un 10. Era obvio que siempre las mujeres hermosas caían rendidas a sus pies. Pero esta, era tan inteligente como él.
—Linda e inteligente — “Con esto la dejo muerta”, pensó.
—Yo también te califiqué, bebé. —“Además es vidente, ¡bien papá!”.
—¿Y cuánto me diste, ricura? — Era obvio que 10, después de haberle demostrado con creces su performance en esas lides tan cochinas.
—Mi Yanpolsar, me dejaste muerta y te quiero corresponder.
—Papá espera, mamita…
Y así fue que Rubén, cayó de la silla tras el disparo y quedó bien muerto.
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