Urgente.
Si tanto quería, encerrado en su armadura a punto de explotar, con una combustión infinita y una necesidad urgente ¿se flagelaría bajo el agua fría? Ella rasgó sus vestiduras y con la piel erizada le pidió que la recorriera. —No tan de prisa —lo paró y él se adueñó de cada rincón, exprimió una fruta y pintó su cuerpo. —No podemos seguir hasta no saber dulces —le respondió. Y el volcán erupcionó, la lava le alcanzó el cuerpo y llenó sus huecos. Ya nada lo apretaba, y una suavidad infinita lo elevó al cielo.
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