Titiriteros.

 Tanta alegría colectiva hace que las marionetas repitan su número infinitas veces, la recaudación del día tendrá varios ceros a la derecha. Los titiriteros, en cuclillas en el improvisado teatro, resisten con placer los calambres en las piernas por tantas horas de inamovilidad mientras espían a los espectadores: repiten las consignas con beneplácito, absolutamente concentrados, sin parar de reír ni un instante. —Parecen autómatas, ¡maravilloso, que siga el baile! —corean Trump, Xi y Putin, al unísono.

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