Sólo un tilde.

 La gran interrogante es por qué, piensa Rubén.

¿Qué hizo él para merecer un destino tan atroz? El bullying de los compañeritos de la escuela “Rubeeeén”, el pasar desapercibido ante las mujeres hermosas, “Rubeeeén”.

Por eso hará justicia por mano propia. Será un golpe certero, todos piensan que él es un palurdo incapaz de tomar decisiones. ¡Ay! Cómo quisiera verles las caras de desconcierto y oírlos cuchichear, manga de malnacidos. Pero no puede. Porque está adentro.

Adentro del registro civil, insistiendo en llevar el trámite hasta las últimas consecuencias:

—¿Está seguro?

¿Por qué nadie lo entiende? Aborrece a sus padres, merecen la muerte por sus ínfulas porteñas. Ya no es más Rubén, Ahora es… Ruben.

Es sólo un tilde, desgraciados.

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