Pum.
La gran interrogante es si hay vida después de la muerte. “Eso sólo lo puede saber quien lo vivió “, dice la gente.
Toco la piel aterciopelada de Mariana, que aún huele a duraznos y jazmines.
—¡Arriba las manos! —me grita el policía. Obedezco, subo la mano hasta ese punto exacto en el que, después del “pum”, me explota la cabeza.
No me voy a quedar con la interrogante, pero me da miedo ir sólo.
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