Promesa.

 García lo predijo cuando Fernández mostró la cara: no sucedería. Daba una imagen que a primera vista podría parecer angelical, pero García sabía en el fondo que no lo era. Fernández había prometido, pero de promesas está plagado el camino del infierno. La fecha llegó con un García lleno de esperanzas que aguardaba impaciente y para su sorpresa, Fernández apareció sonriendo con ese carisma seductor de masas. García, embargado de alegría, se preparó. Pero, contra todos sus pronósticos, Fernández le dijo que no. Maldita Graciana Fernández, le gustaba calentar la pava pero después no dejaba que tomaran el mate.

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