Pecado Mortal.

 Más vale que nadie se de cuenta, se dice mientras cepilla desquiciada la camisa blanca tratando de sacar los restos de la mancha púrpura del cuello. Se arrepiente de haberlo hecho, pero hay que ver que el malnacido se lo merecía. Tiene miedo y reza tres avemarías. ¿Por qué lo hizo? No le tembló el pulso, nadita. Lo hizo y punto. El infeliz todavía tiene las mejillas coloradas. Más vale que nadie se de cuenta, cualquier cosa antes que cornuda, flor de cachetada le dio. —Pará, loca — dice el que volvió del Averno. —No paro nada, ¡lo último que me falta es lavarte las camisas y las manchas del rouge de tu secretaria, infeliz! ¡Lavalas vos!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ahora o nunca.

La venia.

Inocencia interrumpida.