Pasionaria.

 Uno a uno—grita el Cacho a los que escuchan el partido. —Más aburrido que bailar con la hermana —dice el Carlos, desde la vereda, con un cigarro entre los dedos que huelen a aceite y grasa. Lo fuma con parsimonia, tratando de estirar como a un chicle ese instante milagroso, debe entrar para cambiarle los amortiguadores a la Fiorino.

El Carlos termina el pucho y cuando se da vuelta, una voz le dice: —¿Querés hacer el amor conmigo? —. Otra vez “La Loca”. Deambula todos los días por la zona y hace la pregunta a cualquier tipo que ve en la calle. “Tá piantada esta mina”, dicen los muchachos. Y el Carlos piensa: “Uno a uno pasaremos”.

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