Múltiple opción.

 —La penúltima.

— ¿Y así nomás lo decís? ¡No tenés vergüenza!

—¡Te contesté!

—¡Sinvergüenza! ¿Alguna vez te faltó la camisa planchada o la cena servida cuando llegabas después de estar fuera todo el día con quién-sabe-quién empinando el codo? ¡Sólo te pedí una respuesta!

Aquello era imperdonable, la penúltima de la lista. Porque la señora de García estaba segura de que era la primera.

Pero si García decía la penúltima, sería la penúltima.

“Y era la penúltima, nomás”, pensaba estupefacta la señora de García, con el viento soplándole en la cara, mientras García manejaba la flamante nave cero Ká descapotable que se habían ganado en el sorteo después de haber seleccionado la respuesta correcta.

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