Marcha atrás. (Primer Premio)

 El timbre anunció que no había marcha atrás.

Paralizado y perplejo, acurrucado como un bicho bolita, con la cabeza gacha, las piernas flexionadas y sus brazos abrazándolas, Rubén aguardaba inmóvil su fatal destino.

¿Por qué ignoró las piezas que no cerraban en aquel rompecabezas? Debió haber sido más precavido, pero ya era demasiado tarde.

La imponente figura lo intimidaba: su mirada seria, las formas perfectas, la pollera roja de tul que danzaba al son del ventilador… la criatura se le acercaba, irremediablemente:

—Sh…Te llegó la hora— le susurró al oído —Bo, bombón.

¡Ay! Ese timbre de voz fatal.

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