Ilusión.
Pensó en renunciar. Llegó al cumpleaños de Marta y le dio el regalo. "¡Pero estas pilchas sí que son caras!", le dijo alborozada mientras además sacaba del paquete un set de maquillaje que ni en el mejor de sus sueños hubiera visto. "Vos te lo merecés, mi reina", le dijo. Un golpe seco estremeció la puerta. "¡Si no abren, la tiro abajo!", gritaron en medio de un disparo al cielo. "¿Creías que eras la dueña de tu vida?", le dijo el tipo zamarreándola. Una hora después, estaba vestida con minifalda, tacones, medias de red y pintada como una puerta. "La próxima vez no contás el cuento, ¡a trabajar, puta de mierda!".
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