García otra vez.
Comenzó su microrrelato, a su entender con una idea excelsa, que seguramente a nadie más se le ocurriría. Lo corrigió una vez. Lo corrigió otra vez. Analizó los puntos. Se tomó su tiempo para decidir cuáles eran seguidos y cuáles eran “y a parte”, tal como le había enseñado la señorita Yolanda. Volvió a revisar. Volvió a corregir. Una vez concluida la obra maestra, la admiró extasiado. Se miró al espejo con beneplácito. Nadie haría algo similar. Comenzó su microrrelato, a su entender con una idea excelsa, que seguramente a nadie más se le ocurriría… [] … Se miró al espejo con beneplácito. Nadie haría algo similar. Comenzó su microrrelato… [] …algo similar.
“La muerte. García”. “La Vida. García.” “El amor. García”. “No contaban con mi astucia. García”.
¡García otra vez!
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