Éxtasis.

 García, de pie, miraba la alfombra verde y veía su cara en el espejo. Las plantas de los pies le pedían acariciar el terciopelo. El rostro insignificante por primera vez brillaba. Adelantó una pierna, y luego la otra. Los pies, excitados, se frotaban sobre la alfombra. García flotaba y ascendía hacia los cielos; sintió que era Dios. Su cuerpo se hacía cada vez más liviano obedeciendo la ley de gravedad. Los nenúfares lo circuncidaron y pensó: “Sólo Dios camina sobre el agua” mientras la última bocanada de aire le entró por la nariz, García no sabía nadar.

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