En su ley.

 En líneas generales, nada ilegal podría deducirse de la maniobra.

La culpa era del otro. Que viniera la policía, nomás. Qué culpa tenía él si no lo había visto antes. “La culpa siempre la tiene el de atrás”.

No iba a pagar ni un puto peso. La Bemba negra, estaba atravesada en la mitad de la calle, con la puerta abierta. Los bocinazos eran apabullantes:

—¡Arrimalo al cordón, gil! —puteaba el del Audi de atrás.

—¡No hasta que se baje! —gritaba el del auto atravesado, histérico.

—¡Yo no me bajo hasta que no me pagués, ricura! —reclamaba el que estaba sentado en el asiento del acompañante.

—¡Bien que te gustó la minifalda negra, bó!

—¡Es que te vi sólo de atrás!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ahora o nunca.

La venia.

Inocencia interrumpida.