Dios y el Diablo.
“No se puede”, pensó Pérez, (para no ser injustos porque García ya protagonizó varios cuentos), “bueno, en realidad poder se puede, no se debe”, se dijo después de mirarse al espejo cinco veces seguidas y constatar que el tratamiento de blanqueamiento dental había dado sus frutos y le ofreció su más calculada sonrisa a Abdala, ese que tiene por nombre la ciudad de la Casa Blanca. Una hora después, le ofreció la misma sonrisa al otro Abdala, apodado igual que el rey del show porteño que idiotiza masas desde la tevé. Entonces pensó: “Si se puede quedar bien con Dios y con el Diablo, aunque no se debe”.
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