Destino fatal. (Primer Premio)
Todavía queda media hora.
—Cuídense, los amo —le digo a mi familia, celular en mano, mientras me limpio la transpiración que me genera lo irreversible.
El avión avanza. Pienso en las probabilidades. Una en un millón. Debería estar feliz por haber salido favorecida en esta lotería.
Ya veo el blanco. Por qué no pierdo la conciencia y ya. Tengo taquicardia. ¿Me haré pedazos? ¿Explotaré?
Se va acercando más. Más.
—Ahora sos Mimí. Acá está tu nuevo pasaporte y tu esquina. Y si no te portás bien, vos y tu familia… pum. —me dice el rufián.
Y el avión aterriza en Milán.
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