Carne fresca.
Como era de esperar, García una vez más había pecado, no había podido resistirse a las tentaciones de la carne fresca.
Contrariamente a lo que podría creerse, no lo aterrorizaba tanto el ir a confesarse con el padre Bermúdez, sino la reacción de “aquella”. Utilizaría la pirámide ad hominem.
Se concentró. Anotó: “Ella me provocó. Yo quería irme pero seguía insistiendo.” Sí y solo sí fuera necesario agregaría “Me encerró en el local”.
Al llegar a casa, García repitió cual mantra, su excelsa argumentación.
Pero la señora De García lo superó, bajando al máximo nivel de la pirámide ad hominem:
“¡Ya te dije que no se puede comer carne, infeliz, y vos seguís sin respetar la veda y te vas a las carnicerías de Canelones!”
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