Agonía. (Mención)

 Pensó en poner fin a su agonía, así no valía la pena vivir.

Lo haría esta misma noche. Siempre le habían dicho “cobarde”, y ahora, todo el mundo se iba a meter sus palabras ahí mismito.

Increíblemente, sentía alivio.

Cuando llegó la hora, sirvió el vino en una hermosa copa de cristal. Abrió la cápsula, y vertió el polvo dentro.

Antes de que pudiera hacer nada, se escuchó una voz chillona:

—¡¿Rubén, qué hacés ahí?! ¡Movete, infeliz!

—Gorda, te serví una copita de vino…

—¡Al fin servís para algo! —gorjeó la gorda y se tomó todito.

—Claro que sirvo para algo, gritame ahora, desgraciada, nunca más me vas a gritar en tu puta vida, cerda malnacida.

Era un hombre empoderado. Abrió la puerta para hacerse humo, cuando sintió un pulgar sobre el hombro:

—¿A donde vas, infeliz? ¡Servime otra!

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ahora o nunca.

La venia.

Inocencia interrumpida.