Nunca más.
Una sucesión de malas decisiones la hizo contestar “Si”, y la cámara se encendió. Nunca antes había usado lencería erótica, pero en ese tugurio de mala muerte nadie la conocía. Todo rojo, una verdadera Diablita. Todo el mundo decía que no había nada que no se olvidara con una buena dosis de sexo desenfrenado. A la mañana siguiente, el hijo mayor la despertó llorando con el celular en la mano. Quedó helada: el video se había viralizado. El marido la miró con desprecio y le dijo—Los nenes se quedan conmigo, no los vas a ver nunca más.
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