Veinticuatro años antes él lloró y cortó el cordón umbilical. Cierran sus ojos por última vez y la muchacha llora, la matriz se le desgarra mientras la tierra golpea sobre la madera del reposo eterno.
Por la ventana vio la luz: “Es ahora o nunca”, se dijo. Ningún momento se perdería en el tiempo, nadie podía imaginar lo que había visto. Con la bombacha veintisiete completó la colección que venía preparando desde entonces, envolviéndola en papel satinado. Adiós refuerzos de mortadela, bienvenido caviar. Fue al subsuelo de Tres Cruces y despachó el paquete al que le adjuntó la siguiente esquela manuscrita: “Querida Melinda: Recibe estas prendas y mi corazón, que te esperan desde 1994. Con amor, Replicante García”.
Aquel extraño sueño parió a Marina. Inolvidables sus ojos de cielo y el pelo largo cayéndole por la espalda del uniforme del liceo. Increíble encontrarla por la calle, cuarenta años después. Dubitativo, la llamó por su nombre. Ella giró, y respondió con el suyo. —¿Nos vemos? —propuso él, y para su sorpresa, ella aceptó. Por eso, no entendía por qué Marina demoraba; le había comprado el vestido blanco y la había pensado de mil formas. Le timbró. Y recibió la más desconcertante de las respuestas. “Malagradecida”, maldijo. No había hecho nada malo. Su único pedido fue que usara zapatos de taco. Marina lo había dejado plantado después de pronunciar aquellas dos humillante palabras y mandarlo a vestir el traje de enfermerita: Pajero García.
— La penúltima . — ¿Y así nomás lo decís? ¡No tenés vergüenza! —¡Te contesté! —¡Sinvergüenza! ¿Alguna vez te faltó la camisa planchada o la cena servida cuando llegabas después de estar fuera todo el día con quién-sabe-quién empinando el codo? ¡Sólo te pedí una respuesta! Aquello era imperdonable, la penúltima de la lista. Porque la señora de García estaba segura de que era la primera. Pero si García decía la penúltima, sería la penúltima. “Y era la penúltima, nomás”, pensaba estupefacta la señora de García, con el viento soplándole en la cara, mientras García manejaba la flamante nave cero Ká descapotable que se habían ganado en el sorteo después de haber seleccionado la respuesta correcta.
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